Desde el latido de un árbol marchito le cantó...
Me encontraste con las alas rotas,
agonizante, sin fe,
a la espera de que los depredadores hicieran de mi cadáver un festín,
lo sabes y lo sé.
Me recogiste entre tus manos y me arropaste,
Poco a poco me diste esperanza con gotas de té.
¿Quien diría? que tanto amor de una sublime creación divina, hacia mi brotaría
Yo nunca lo hubiera pensado.
Me has dado calor y cariño, a pesar de los desvelos, de mis osadías,
Y a pesar de mi pasado.
Has sido paciente, y corrido a mi lado mientras yo hago mis fallidos intentos de vuelo,
Acongojando mi corazón con tu anhelo, ya que no sé si volaré.
Pero te juro que lo intentaré
y sin titubear cada vez que he caído, me has consolado recogido. A veces no se porque.
Por favor no te enojes si inflo el pecho y alboroto las plumas cada que un ave se contonea frente a ti,
pero es que siendo un cuervo es fácil pensar que un Halcón o un Pavo Real, serian más dignos de tus cuidados.
Y Ella lo interrumpió, rió, y le dijo te quiero porque eres mi cuervo,
no quiero otra ave, te quiero porque volaras con las alas rotas,
y te quiero porque aunque volarás de nuevo y muy alto, !volverás!,
te quiero porque eres mi cuervo y ya.
Y el cuervo se posó en su hombro de nuevo y continuaron su camino...